| La furgoneta que trasladó el cadáver del perro resultó apedreada |
El «egoísmo, la ignorancia y el miedo» de las autoridades, entre ellas las académicas y en particular, del rector de la Universidad Complutense de Madrid, José Carrillo, llevaron a Lucas Domínguez, director del Centro de Vigilancia Sanitaria Veterinaria (Visavet)
dependiente de esa institución y asesor de las Consejerías de Salud y
Medio Ambiente de Madrid, a presentar su dimisión sólo horas después de
liderar el pasado 8 de octubre en Alcorcón el operativo de retirada de
la mascota de Teresa, la auxiliar de enfermería infectada por Ébola. Un
operativo complejo –incide– que se desarrolló en un marco de
confidencialidad, a petición de la Subdirección General de Sanidad Ambiental y en condiciones de absoluta seguridad biológica.
Domínguez adoptó su decisión «irrevocable» después de que el rector, a través de un intermediario, le comunicara la prohibición de trasladar el animal una vez que ya había sido sacrificado
hasta el Visavet, ubicado en el sótano de la Facultad de Veterinaria,
donde los restos iban a ser destruidos con todas las garantías, a lo que
previamente el mismo Carrillo había dado su permiso. «A mí se me cayó
el mundo encima... me sentí desautorizado por la falta de confianza en
mí», explica. Esa prohibición provocó que el equipo encargado de la
operación tuviera que esperar tres horas extra dentro del edificio de
Alcorcón junto con el perro eutanasiado a que una incineradora de Madrid
aceptara «por presiones» –dice– el cadáver «del que nadie quiso ocuparse..., tampoco centros oficiales ni instituciones».De haberse hecho «en el laboratorio se habría ganado en seguridad», asegura.
Junto a ello, Lucas Domínguez, catedrático de Sanidad
Animal, añade que el rector de la Complutense también prohibió sobre la
marcha conducir la furgoneta ya vacía que se había utilizado para
transportar los restos de «Excalibur» a ningún espacio físico de la
Universidad, lo que obligó a tardar más de ocho horas en proceder a su
desinfección, que finalmente tuvieron que hacer los mismos veterinarios
del Visavet en instalaciones del Suma. Antes, tampoco «nadie de la Comunidad de Madrid» quiso recibir el vehículo, «ni sitios oficiales ni sitios que se dedican profesionalmente a esas tareas» en una «postura egoísta»
«Si en vez de un caso de contagio hubiera doscientos, la
gente se iría muriendo por la calle», sentencia Domínguez para poner en
evidencia «el desconocimiento absoluto de la enfermedad» del que –a su juicio– adolecen personas que están tomando decisiones en esta crisis.
Responsable durante diez años de uno de los laboratorios de
seguridad biológica más importantes de España –y que ha abordado con
éxito, entre otros, la crisis bioterrorista con Anthrax de 2001–,
lamenta de forma especial que en la Universidad de Veterinaria «donde
debería haber gente suficientemente preparada como para saber que el
riesgo es muy bajo», se esté sometiendo a los miembros del Visavet a lo
que tilda de «un apartheid». «A uno le han sacado la taquilla con la
ropa a la calle y a otro le dijeron que si entraba en un despacho se iban todos...»,
relata Domínguez, para quien tampoco ha ayudado el correo electrónico
remitido por el departamento de Higiene de la Universidad advirtiendo de
que el periodo de incubación del virus es de 21 días.
Por no informar a ese departamento ni al decano de
Veterinaria de los planes relacionados con el traslado de los restos del
perro a la Facultad se disculpa Domínguez, que recuerda que el operativo era confidencial y que «lo conocía el señor rector», del que depende directamente el Visavet.
Lucas Domínguez constata que él y el resto de personal que
participó estuvieron «14 horas en tensión continua sin comer ni beber»,
que pasaron «mucho miedo» y que sufrieron insultos y pedradas en la ambulancia en Alcorcón,
elementos que en parte configuran lo que él retrata como «una de las
experiencias más lamentables de mi vida y no por el trabajo realizado».
Por ello, hace extensivo su pesar a la conducta de una sociedad que
entiende es «farisea, insolidaria, ignorante y miedosa».
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