lunes, 13 de octubre de 2014

Del aceite de colza a la psicosis por la gripe A: así superó España otras crisis sanitarias

TOMADO DE ABC

Del aceite de colza a la psicosis por la gripe A: así superó España otras crisis sanitarias
Envases con aceite de colza desnaturalizado, causante de la mayor intoxicación alimentaria

El 1 de mayo de 1981 moría camino del hospital de La Paz un niño de 8 años llamado Jaime Vaquero, convirtiéndose en la primera víctima oficial del consumo de aceite de colza desnaturalizado, que, desde aquel día hasta hoy, ha segado la vida de unas 700 personas (más de 4.000 según cifras no oficiales) y afectado a otras 20.000, de las cuáles 17.500 sufren todavía graves secuelas. Un panorama desolador que tres décadas después continúa siendo la mayor intoxicación alimentaria en la historia de España.
Aquella crisis golpeó de lleno a la línea de flotación de las autoridades sanitarias, que tardaron casi dos meses en descubrir el origen de la enfermedad. Mientras la primeras hipótesis situaban el foco en la «enfermedad del legionario», empezaron a aparecer una serie de teorías descabelladas. Desde experimentos con armas químicas hasta el sacrificio de numerosas aves tras propagarse el rumor de que el germen residía en la «ornitosis», una afección transmitida por este tipo de animales.
Superado el período de incertidumbre, los investigadores lograron dar con la causa gracias a la conexión entre los lugares donde iban apareciendo nuevos casos. La mayoría de personas afectadas eran de origen humilde y habituales consumidores del los alimentos que se ponían a la venta en los mercadillos ambulantes. Acotado el plan de búsqueda, finalmente se averiguó que la enfermedad provenía de una intoxicación alimentaria provocada por una partida de aceite de colza adulterado.
La ausencia de controles sanitarios supuso el perfecto caldo de cultivo para que este aceite, importado de Francia y con fines industriales, fuera comercializado de manera fraudulenta para el consumo humano. Como paso previo a su distribución los aceiteros implicados habían extraído la anilina a altas temperaturas, un proceso que originó la formación de los compuestos tóxicos que prendieron la mecha de la masiva intoxicación.
Entre las víctimas todavía colea la desafortunada frase ante las cámaras de TVE del por entonces ministro de Trabajo, Sanidad y Seguridad Social, Jesús Sancho Rof (UCD), «el síndrome es menos grave que la gripe. Lo causa un bichito del que conocemos el nombre y el primer apellido. Nos falta el segundo. Es tan pequeño que, si se cae de la mesa, se mata». La polémica declaración llegó tan solo tres semanas después de la muerte de Jaime Vaquero y acabó por costarle el cargo ese mismo año.
Tuvieron que pasar varios años —marzo de 1987— para que los responsables se sentaran en el banquillo de los acusados, en uno de los juicios más complejos que ha conocido España. No obstante, el caso no se cerraría hasta octubre de 1997 cuando el Tribunal Supremo declaró al Estado responsable civil subsidiario, imponiéndole el pago total (medio billón de pesetas) de las indemnizaciones fijadas en la sentencia que condenó a los aceituneros.

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